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martes 13 de octubre de 2026

¿Cuánto microplástico cae del cielo?

Los microplásticos en suspensión en el aire se depositan en las tierras de cultivo, los ríos y los océanos. Los científicos están trabajando para cuantificar la cantidad que cae y lo que esto supone para el medio ambiente.

Fuente Wired 7 min de lectura 1
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En todo el mundo, cada año se vierten al medio ambiente decenas de millones de toneladas de microplásticos, y gran parte de ese material acaba llegando a las masas de agua, incluidos los ríos y los océanos. Un nuevo análisis global publicado este mes en la revista Science Advances estima que, en 2022, los ríos transportaron aproximadamente 263,000 toneladas de microplásticos al océano. Eso equivale al peso de unas 26 Torres Eiffel.

Los investigadores descubrieron que el 96% de los microplásticos procedían del Sur Global, y que solo el sudeste y el este de Asia aportaban más de la mitad del total.

Los microplásticos son partículas de plástico de menos de 5 mm. Pueden ser arrastrados a la atmósfera y transportados largas distancias antes de volver a caer sobre la tierra y el agua a través de la lluvia, la nieve o la deposición seca.

Los ríos son solo una de las vías por las que los microplásticos se desplazan por el medio ambiente. Un estudio reciente realizado en Suiza ofrece una imagen más clara de la cantidad de microplásticos que pueden caer desde el aire. Los investigadores recogieron partículas en cinco emplazamientos a lo largo de un año. Estimaron que cada año se depositan en todo el país unas 219 toneladas en zonas situadas por debajo de los 2,000 metros. De esa cantidad, aproximadamente 78 toneladas caen sobre suelos agrícolas y 10 toneladas caen directamente en el agua.

La cantidad puede variar significativamente dependiendo del lugar que analicen los investigadores. En 2020, un estudio dirigido por Janice Brahney, biogeoquímica ambiental de la Universidad Estatal de Utah, en EE UU, estimó que caen anualmente más de 1,000 toneladas métricas de microplásticos sobre terrenos protegidos en el oeste de Estados Unidos.

“Desde entonces, cada año hemos observado un aumento en la cantidad de plásticos que se depositan”, explica Brahney a WIRED Middle East. "Así que todas las muestras que hemos analizado desde ese momento contienen más plásticos".

La parte difícil

El reto radica en que todavía no existe un método estándar para medir la cantidad de microplásticos que caen desde la atmósfera; eso ayuda a explicar por qué las estimaciones varían tanto. De hecho, muchos de los instrumentos que utilizan los investigadores para medir partículas en la atmósfera no se diseñaron específicamente para recoger microplásticos.

“Están diseñados aerodinámicamente para recoger partículas esféricas de una determinada densidad y filtrar en función del tamaño según esas propiedades", explica Brahney. Pero los plásticos tienen formas diferentes y densidades más bajas. En resumen, "no están calibrados para los microplásticos. Por eso, en realidad no sabemos hasta qué punto son eficaces a la hora de recoger exactamente lo que hay en la atmósfera”.

Brahney utilizó en su investigación un muestreador de deposición, que se basa en la gravedad para recoger las partículas a medida que caen. Pero ese método también tiene limitaciones. El viento puede crear lo que ella denomina un “efecto de sombra del muestreador”, por el que algunas partículas de plástico son empujadas lejos del muestreador. “Por eso, suele subestimar lo que se está depositando”, advierte.

Los investigadores también miden cosas diferentes. La concentración de plástico que flota en el aire no es la misma que la cantidad depositada en el suelo, y Brahney resalta que ambas no se pueden convertir fácilmente.

¿Cómo llegan los microplásticos al aire?

En el océano, las olas pueden expulsar al aire diminutas gotas de agua que contienen microplásticos. Una vez que el agua se evapora, la partícula de plástico queda. “A nivel mundial, ese es probablemente uno de los mecanismos más importantes”, según Brahney.

En tierra, las carreteras también pueden devolver a la atmósfera las partículas de plástico ya existentes. “Los autos que circulan por las carreteras, especialmente allí donde estas se cruzan con grandes centros urbanos, pueden lanzar a la atmósfera todas las partículas que se encuentran en la superficie de la vía debido a la fricción de los neumáticos contra el asfalto”, explica Brahney.

Las tierras agrícolas son otra fuente. Las plantas de tratamiento pueden eliminar los microplásticos de las aguas residuales, pero algunas de esas partículas acaban concentrándose en el suelo que más tarde se usa como fertilizante. En entornos agrícolas, la combinación del viento, los tractores y las herramientas puede entonces lanzar esas partículas al aire.

No es ningún secreto que todas estas partículas proceden del plástico fabricado por el ser humano. Investigadores como Brahney señalan que la gran mayoría de lo que se recoge suele consistir en fibras o restos de ropa desintegrada procedentes de residuos y basura, en gran parte debido al auge de la moda rápida. “Los textiles son una de las principales fuentes de microplásticos en el medio ambiente”, afirma Brahney.

¿Cómo afectan los microplásticos al suelo, al agua y a la salud humana?

La investigación sobre el impacto de los microplásticos en el medio ambiente y en las personas que dependen de él sigue sin recibir la atención que merece. En los suelos, las investigaciones han revelado que los microplásticos pueden alterar propiedades físicas y biológicas, como la estructura del suelo, el ciclo de los nutrientes y el pH. En los ecosistemas acuáticos, los organismos de agua dulce pueden absorber microplásticos. Brahney indica estudios que han descubierto que las nanopartículas presentes en los peces pueden llegar al cerebro del animal y afectar su comportamiento, lo que, entre otras cosas, reduce su eficacia a la hora de buscar presas.

Algunos investigadores, como Juyong Brian Kim, profesor adjunto de Medicina en Stanford, también están estudiando qué ocurre cuando los microplásticos entran en el torrente sanguíneo humano. Kim descubrió que los microplásticos y los nanoplásticos pueden penetrar en las células que recubren los vasos sanguíneos, provocar cambios importantes en la expresión génica y contribuir a una progresión más rápida de las enfermedades vasculares.

¿Es posible reducir la contaminación por microplásticos?

Es probable que el problema de los microplásticos se agrave a medida que el mundo produzca más plástico. “Estamos generando plástico a un ritmo acelerado”, alerta Brahney. Refiere que, en los últimos cuatro años, la cantidad de plástico generada equivale a la producida en los diez años anteriores.

“La única forma de reducir estas cifras sería un esfuerzo coordinado a nivel mundial, en múltiples niveles organizativos, para reducir el uso de plásticos de un solo uso”, añade, ya que estos representan alrededor del 40% de los plásticos producidos y una gran parte de lo que acaba en el medio ambiente.

Artículo originalmente publicado en WIRED Middle East. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.

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