Saltar al contenido
sábado 10 de octubre de 2026
🌧️19°CGOBERNADOR VIRASORO · Lluvia fuerteMáx 24° · Mín 17°Clima: MET Norway

The Social Reckoning, la secuela de La red social, quiere ajustar cuentas con Facebook, pero llega demasiado tarde

The Social Reckoning, de Aaron Sorkin, intenta poner en evidencia a una clase dirigente que ha demostrado carecer de vergüenza.

Fuente Wired 9 min de lectura
CompartirFacebookXTelegram

Cuando La red social llegó a los cines en 2010, era lógico preguntarse si la película se había estrenado demasiado pronto. Facebook se había puesto online desde la habitación de Mark Zuckerberg en la residencia de Harvard apenas seis años antes, y aún nadie sabía realmente cómo transformaría la comunidad digital en la década por venir.

Pero con el guion trepidante de Aaron Sorkin, la banda sonora amenazante de Trent Reznor y Atticus Ross, además de la interpretación milimétrica de Jesse Eisenberg como el joven Zuck, el director David Fincher nos ofreció un elegante thriller corporativo sobre el gran drama de aquel momento: las demandas entrecruzadas sobre quién poseía qué porcentaje de la plataforma y quién podía reclamar el título de fundador. Era una película electrizante que parecía ficcionalizar solo ligeramente a la generación más reciente de los magnates de Silicon Valley.

Realidad que supera a la ficción

Dieciséis años después, Facebook ha acumulado más escándalos de los que Hollywood podría siquiera aspirar a seguir el ritmo. Sorkin cuenta a WIRED que, a lo largo de esos años, le propusieron una secuela en numerosas ocasiones, pero le costaba encontrar un enfoque adecuado. “Antes de que una película pueda ser cualquier otra cosa, antes de que pueda ser relevante o invitar a la reflexión, tiene que ser buena”, opina. “Debe funcionar como algo que ves mientras comes palomitas”.

Fue entonces, relata Sorkin, cuando conoció a Frances Haugen, la antigua ingeniera de datos de Facebook que filtró unos memorandos internos comprometedores al periodista de investigación Jeff Horwitz. Horwitz redactó lo que se conoció como los “Facebook Files” en una amplia serie de artículos publicados en 2021 en The Wall Street Journal. En ellos que sacaba a la luz gran parte de lo que la empresa sabía sobre los daños causados a los usuarios, desde el discurso de odio y la desinformación médica hasta los problemas de imagen corporal y la trata de personas. Cosas que había pasado por alto en gran medida en medio de su afán por crecer.

Sorkin aún no estaba seguro de tener material para una película, pero un día le preguntó a Haugen por qué había decidido finalmente acudir a los medios de comunicación. “Me lo contó de forma bastante espontánea: ‘Oh, tenía una amiga que se radicalizó por culpa de Facebook después de pasar demasiadas horas en la plataforma’”, recuerda. “Y así fue como empecé a dar forma a lo que ahora es la escena inicial de la película”.

The Social Reckoning

La escena inicial de The Social Reckoning, escrita y dirigida por Sorkin, muestra a una mujer ebria detenida en el hombrillo de una carretera de San Mateo, California, con su auto sobrecalentado. Cuando se le acercan los agentes de policía, ella se muestra agresiva. Saca su teléfono para grabar un video mientras lanza insultos racistas a los agentes y finalmente es detenida por amenazar a uno de ellos con matarlo. El video aparece en una página de Facebook dedicada a contenidos de extrema derecha, donde Haugen (Mikey Madison) lo encuentra en 2019 y reconoce a la mujer como una conocida de su clase de pilates que solía tener opiniones progresistas. También descubre que esta mujer es una “superusuaria” muy activa en Facebook.

Haugen intenta primero que sus compañeros de Facebook se den cuenta de cómo sus propios algoritmos están empujando a muchos usuarios, incluida su antigua amiga, hacia contenidos extremistas. Solo cuando se topa con suficientes obstáculos decide depositar su confianza, aunque sea a regañadientes, en Horwitz (Jeremy Allen White), un periodista con el que el personal de Facebook tiene la orden expresa de no hablar. Así se va dando la relación marcada por las discusiones entre dos profesionales comprometidos con ideales opuestos. Haugen quiere salvar a la empresa de sí misma, mientras que Horwitz sospecha que ya es demasiado tarde para eso. Vemos flash-forwards de Zuckerberg (Jeremy Strong) ensayando para una comparecencia ante el congreso sobre la desinformación en las redes sociales en 2021. En la sala se encuentran una asesora de relaciones públicas especializada en crisis llamada Raya (Wunmi Mosaku) y Charlie (Bill Burr), un exempleado ficticio; no se basa específicamente en una persona real. Lo han contratado como agitador, con libertad para sacar de quicio a Zuck y desmontar sus argumentos ensayados.

Esta estructura argumental resulta más torpe que aquel montaje cruzado de las declaraciones de La red social, que permitía con gran acierto que los personajes relataran los inicios de Facebook sin necesidad de una guía narrativa. En cambio, The Social Reckoning está repleta de intertítulos grandilocuentes (la primera secuencia se titula “Prólogo”) y de referencias visuales para recordarnos en qué punto de la línea temporal nos encontramos. De escena en escena, las interpretaciones incisivas y los diálogos al estilo de Sorkin dan lugar a una cinta atractiva. Pero las piezas encajan de forma torpe, y uno no puede evitar desear que Reznor y Ross estuvieran ahí para empujar el ritmo.

La película llega como parte de una gruesa lista de obras tecnológicas muy esperadas. Entre ellas está Artificial, la sátira de Luca Guadagnino sobre el despido y la recontratación del director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman; la película generó un gran revuelo cuando Amazon MGM la retiró este verano tras un acuerdo de 50,000 millones de dólares entre Amazon y OpenAI. También está el épico documental: Musk, de Alex Gibney; este recorre las hazañas del hombre más rico del mundo hasta su desastroso mandato como “zar de la eficiencia gubernamental” en la Casa Blanca. Y no hay que olvidar You Can See Everything, para la que los directores Nathan Fielder y Lance Oppenheim consiguieron acceso privilegiado a la fundadora de Theranos y estafadora condenada Elizabeth Holmes, poco antes de que comenzara a cumplir su condena de diez años de prisión.

Fuera de tiempo

En medio de estas propuestas tan oportunas, The Social Reckoning se siente algo desfasada. Su punto álgido (alerta de spoiler) es el asalto al Capitolio del 6 de enero. Sus horrores se achacan en parte al fracaso de Facebook en controlar las teorías conspirativas sobre el fraude electoral, o a la hora de eliminar la cuenta de Donald Trump mientras esta avivaba falsedades incendiarias. Ahora, a mitad del segundo mandato de Trump, ¿es realmente una gran revelación que él y su movimiento se sientan envalentonados por la complicidad de los oligarcas tecnológicos? Son los mismos que le respaldaron abiertamente en 2024.

Sin embargo, hay cuestiones importantes en juego. El debate sobre la ética en la tecnología desemboca constantemente en preguntas angustiosas sobre cómo se negocia la verdad y quién tiene la última palabra.

Para hacer catarsis

Si consideras o no que Reckoning sea un análisis profundo de estos temas probablemente dependerá de tu interés por lo que equivale a una mezcla entre The Newsroom y The West Wing. Hay momentos impactantes que invitan claramente al público a desahogarse, como cuando Haugen acusa a Horwitz de parcialidad contra la tecnología porque está robando los trabajos de los periodistas y él le responde que en realidad es porque "eres muy malo en eso". O cuando Zuckerberg se burla de su traidor examigo Charlie por vender su participación en Facebook por 200 millones de dólares en vez de esperar hasta que valiera 1,300 millones. Él contraataca destruyendo la presunción de que "debería avergonzarse de eso".

“Me encanta esa frase, porque esa es la enfermedad”, le dice Burr a WIRED. “Lo que vemos en estos magnates sin escrúpulos que andan sueltos ahora mismo es que, como alguien adicto a la metanfetamina, son adictos al dinero. Nunca tienen suficiente. Son insaciables. Se comportan como adictos. Y un adicto hará lo que sea necesario, lastimará a quien sea, para conseguir su próxima dosis”.

Indudablemente resulta satisfactorio ver a Burr restregarle esta observación directamente a Zuckerberg. Por otro lado, es un poco ingenuo imaginar que eso le duela a un tipo que está ampliando su enorme complejo ultrasecreto de Hawái para incluir cementerios ancestrales. En muchos sentidos, Reckoning intenta avergonzar a una clase dominante que ha demostrado ser, pues, desvergonzada.

En el mejor de los casos, la película puede servir para subrayar la valentía de Haugen al convertirse en denunciante, a la misma vez que ilustra con acierto la dificultad y los peligros de llevar a cabo una investigación sobre una gigante de Silicon Valley. Nos recuerda que siempre hay algo más que estas empresas tecnológicas están ocultando. Tanto Madison como White relatan a WIRED que el guion de Sorkin les hizo replantearse su comprensión de las fuerzas que operan en el sector.

“Tenía una ligera sospecha acerca de ciertas cosas, pero al enfrentarme a las estadísticas y los hechos reales, eso confirmó realmente lo que ya pensaba sobre las redes sociales en su conjunto y algunos de los efectos negativos que pueden tener en las personas”, destaca Madison. White añade que la gente no debería dar a empresas como Meta el beneficio de la duda cuando algo sale mal. “Lo que descubres al ver esta película es que hay un modelo de negocio, hay un plan”, resalta. “Son muy conscientes de lo que está pasando exactamente y, aun así, deciden pisar a fondo el acelerador”.

Pero en lo que tiene que ver con un verdadero “ajuste de cuentas” con esta realidad, el título quizá haya prometido más de lo que ofrece. La película señala que millones de estadounidenses siguen informándose a través de Facebook y que, en 2025, Meta puso fin a su programa de verificación de datos, optando por solicitar notas contextuales de los usuarios mediante crowdsourcing. Es una conclusión desalentadora después de que Haugen y Horwitz hayan superado todas las adversidades para sacar a la luz innumerables secretos sucios. Uno quisiera poder salir de The Social Reckoning con la sensación de que esto ha cambiado para siempre a Facebook, a Zuckerberg o al internet, pero es difícil no darse cuenta de que todos se han salido con la suya.

Artículo originalmente publicado en WIRED.com. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.

CompartirFacebookXTelegram
Al aireRADIO ONLINETransmitiendo en vivo