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viernes 16 de octubre de 2026

La ameba “comecerebros” en Yucatán: Por qué una enfermedad muy letal no implica necesariamente un riesgo elevado

La llamada ameba “comecerebros” ha generado titulares alarmantes tras su detección en Yucatán. Un especialista de la UNAM explica qué tan frecuente es la infección y por qué es importante dimensionar el riesgo.

Fuente Wired 9 min de lectura 1
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La detección de amebas del género Naegleria en seis lagos artificiales de Mérida, Yucatán, encendió las alertas sanitarias después de que un hombre de 34 años muriera en septiembre a causa de una infección por Naegleria fowleri, conocida popularmente como la ameba “comecerebros”. Este microorganismo puede provocar una enfermedad que daña el tejido cerebral y tiene una letalidad superior al 97%, aunque las infecciones humanas son extremadamente raras. ¿Qué tan peligroso es realmente el hallazgo y quiénes están expuestos?

El 14 de octubre, los Servicios de Salud de Yucatán (SSY) informaron que seis de los nueve lagos artificiales analizados en Mérida dieron positivo a la presencia de amebas del género Naegleria. Entre ellos se encuentran el lago de Plaza La Isla, donde el hombre que falleció realizaba actividades acuáticas, dos lagos del complejo Cabo Norte y los ubicados en el Zoológico del Centenario, el Gran Parque La Plancha y el Parque Ecológico del Poniente. Las autoridades restringieron el contacto con el agua e iniciaron trabajos de limpieza, aunque los parques y zoológicos permanecen abiertos.

Los análisis fueron ampliados después de que el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos confirmara que la muerte fue causada por Naegleria fowleri. La ameba también fue identificada en muestras del lago de Plaza La Isla, considerado el lugar donde probablemente ocurrió la infección. Sin embargo, las autoridades no han confirmado que las amebas encontradas en los otros cinco lagos pertenezcan a esa misma especie.

Mauricio Rodríguez Álvarez, profesor de la Facultad de Medicina y vocero del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que es importante distinguir qué tan grave es una enfermedad de la posibilidad que tiene una persona de contraerla.

“Una cosa es que la enfermedad sea muy grave y otra que el riesgo para la población sea muy grave o muy elevado. No es lo mismo”, dijo en entrevista con WIRED en Español.

De acuerdo con las autoridades estatales, las 361 personas que estuvieron bajo vigilancia médica después del fallecimiento de septiembre no desarrollaron la enfermedad.

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¿Qué es la ameba “comecerebros” y cómo llega al cerebro?

Naegleria fowleri es una ameba formada por una sola célula que vive de manera natural en aguas dulces cálidas, como lagos, lagunas, ríos y manantiales. Como explica el especialista, estos microorganismos son distintos de las bacterias, pues pertenecen al grupo de los organismos eucariontes, cuyas células tienen un núcleo definido y una estructura más compleja. Además, pueden adoptar distintas formas a lo largo de su ciclo de vida y encontrarse en los sedimentos de cuerpos de agua naturales o, bajo ciertas condiciones, en albercas y lagos artificiales.

Rodríguez Álvarez explica que el calor, el estancamiento del agua y la presencia de materia orgánica, que puede favorecer el crecimiento de las bacterias de las que se alimenta la ameba, crean condiciones favorables para su proliferación. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) también han documentado su presencia en instalaciones recreativas con mantenimiento deficiente.

La infección ocurre cuando el agua que contiene la ameba entra por la nariz, algo que puede suceder al nadar, bucear o practicar deportes acuáticos. Desde ahí, el microorganismo puede llegar al cerebro a través de la zona por donde pasa el nervio olfatorio, que permite percibir los olores.

Para explicar cómo sucede, Rodríguez Álvarez señala que en la parte superior de la nariz existe una separación muy pequeña entre la mucosa nasal, el tejido que recubre su interior, y el cerebro. En esa zona se encuentra un hueso delgado con pequeños orificios por los que pasan las fibras de dicho nervio.

“Puede entrar por ahí, infectar a las células y pasar hacia el cerebro rápidamente. No es que le tenga que ir a dar la vuelta al cuerpo por la sangre y pasar por las meninges y llegar al cerebro por otro lado. Va a llegar al cerebro casi directamente a través de la zona por donde pasa el nervio olfatorio”, explica el especialista.

Una vez que llega al cerebro, la ameba puede provocar meningoencefalitis amebiana primaria (MAP), una infección que causa inflamación de las membranas que rodean el cerebro, conocidas como meninges, y daña el tejido cerebral. Los primeros síntomas suelen incluir fiebre, dolor de cabeza intenso, náuseas y vómito. Conforme avanza la enfermedad pueden aparecer rigidez de cuello, confusión, convulsiones y pérdida de la conciencia.

Según los CDC, la muerte suele ocurrir entre uno y 18 días después de que aparecen los síntomas, generalmente alrededor del quinto día. El especialista también aclara que la enfermedad no se contrae por beber agua contaminada ni se transmite de persona a persona. Por ello, estar cerca de un lago donde se ha detectado el microorganismo tampoco implica, por sí solo, un riesgo de infección.

Una infección poco frecuente, pero difícil de tratar

La MAP es una de las infecciones cerebrales más letales que se conocen. Una investigación publicada en 2021 en Clinical Infectious Diseases reunió 381 casos registrados hasta 2018 en 33 países. De los 380 pacientes cuyo desenlace se conocía, 348 murieron y 32 sobrevivieron. El estudio incluyó casos confirmados, probables y sospechosos; entre los 182 confirmados, únicamente siete personas sobrevivieron. En 2025, otra revisión científica identificó 488 casos reportados en el mundo desde 1962.

Los CDC señalan que los niños y adolescentes varones aparecen con mayor frecuencia entre los casos, posiblemente porque participan más en actividades donde el agua puede entrar por la nariz. Sin embargo, todavía no se conocen con certeza las razones de esta diferencia.

En México también se han registrado casos de MAP. WIRED en Español revisó los boletines epidemiológicos de la Secretaría de Salud e identificó 16 casos reportados entre 2015 y 2025. El recuento incluye registros retrospectivos, es decir, casos de años anteriores que fueron incorporados en boletines posteriores, así como casos probables que no necesariamente fueron confirmados. La mayor cantidad se registró en Guerrero, con cinco casos en 2020. En 2026, Yucatán reportó el primer caso confirmado del año.

Para Rodríguez Álvarez, la elevada mortalidad se debe a varios factores. La enfermedad es tan rara que los médicos no suelen pensar en ella cuando reciben a un paciente con síntomas de meningitis. Además, sus primeras manifestaciones se parecen a las de otras infecciones, mientras que el estado de salud de la persona puede empeorar en cuestión de días.

Ese tiempo puede ser decisivo. Aunque existen pruebas de laboratorio para identificar la ameba y algunos pacientes han recibido combinaciones de medicamentos junto con cuidados intensivos, tratar la infección sigue siendo complicado. La poca frecuencia de los casos también dificulta estudiarla y desarrollar nuevos tratamientos.

Por ello, el especialista insiste en que “lo más importante es la sospecha temprana”. Conocer las actividades recientes del paciente, especialmente si nadó o practicó deportes acuáticos en lagos o estanques, puede ayudar al personal médico a considerar esta infección y solicitar las pruebas necesarias. También considera que es fundamental que los hospitales cuenten con procedimientos claros para atender a personas con meningitis aguda y laboratorios preparados para analizar las muestras.

¿Qué significa encontrar la ameba en seis lagos de Yucatán?

Las amebas forman parte de los ecosistemas acuáticos y existen distintas especies que no producen enfermedades humanas. Por ello, Rodríguez Álvarez advierte que encontrar microorganismos del género Naegleria en los lagos artificiales de Mérida no basta para determinar qué tan peligroso es cada uno de esos espacios.

“Para estimar cualquier riesgo, quizás necesitaríamos saber exactamente qué especie se encontró, en qué cantidad y en qué sitios, y los muestreos que se hicieron y la temperatura”, explica.

Tras conocer los resultados, el gobierno de Yucatán ordenó restringir el contacto con el agua de los seis lagos y colocar barreras y avisos preventivos. Los encargados de estos espacios comenzaron trabajos de limpieza con el acompañamiento de especialistas de la Universidad Autónoma de Yucatán y del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados. Las autoridades también anunciaron que trabajan en nuevas reglas para vigilar las condiciones de los lagos artificiales del estado.

Rodríguez Álvarez considera que estos espacios deben contar con revisiones periódicas de la calidad del agua, análisis para identificar los microorganismos presentes y mediciones de temperatura. También señala que mantener el agua en movimiento puede ayudar a cambiar las condiciones que favorecen el crecimiento de las amebas.

“Simplemente mover el agua, eso ya provoca que haya una distribución diferente de los nutrientes, del oxígeno, de los depredadores, de los microbios que ahí viven”, explica. En los lagos artificiales, añade, incluso pueden instalarse sistemas que ayuden a mejorar la circulación y oxigenación del agua.

En el caso de Plaza La Isla, el gobierno de Yucatán multó con 2.1 millones de pesos a la empresa responsable de las actividades acuáticas en el lago por irregularidades sanitarias. Las autoridades encontraron deficiencias en la limpieza, circulación y filtración del agua, así como ausencia de cloro residual en los puntos analizados.

Además de mejorar el mantenimiento de estos espacios, Rodríguez Álvarez considera útil realizar pruebas para buscar específicamente Naegleria fowleri en los lugares donde ya se ha registrado una infección. Entre ellas se encuentran las pruebas moleculares, como la PCR, que permiten detectar material genético del microorganismo.

Para el especialista, lo ocurrido en Yucatán también muestra la importancia de informar con claridad sobre los riesgos para la salud:

La expresión puede hacer pensar que cualquier persona que se acerque a un lago donde vive la ameba está en peligro, aunque la infección requiere condiciones específicas.

El especialista considera que informar sobre estos casos también implica explicar dónde ocurrió la infección, cuáles fueron las condiciones de exposición y qué medidas pueden ayudar a prevenirla. “Más que tranquilizar o alarmar, hay que dar información para que las personas entiendan el riesgo real”, concluye.

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