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viernes 16 de octubre de 2026

Crecida del río Paraná: el agua ya tapa las playas de Corrientes y amenaza con avanzar sobre las casas

Clarín recorrió la capital correntina, donde los vecinos tratan de mantener su rutina, aunque siguen con preocupación lo que puede llegar a pasar.En los barrios más bajos algunos ya debieron mudar sus pertenencias a otro lugar.“Acá cuando llueve es una odisea", cuenta uno de los afectados.

Fuente Clarin 5 min de lectura 1
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Desde la costanera, la imagen impacta. Ya casi no existe la playa y hasta las sombrillas se empiezan a borrar del panorama. La corriente de agua marrón arrastra de vez en cuando camalotes y ya golpea los primeros escalones de los paseos costeros.

Mientras que la crecida del río Paraná obliga a localidades vecinas a evacuar ganado y familias, en la capital correntina se vive una dualidad: la mayoría mantiene su rutina, aunque no ajena a lo que pasa y a las previsiones de lo que puede ocurrir de acá a una semana.

En una recorrida de Clarín se observa que una parte grande de playa del predio del Club de Regatas Corrientes también está bajo agua. Unos pocos kilómetros sobre la misma costanera, el principal atractivo turístico también.

Aldana Salas y Laura Sartori están aprovechando la última porción de playa que queda sin cubrirse por agua. Es la Arazaty, que está pegada a Malvinas I y II. Esas últimas dos ya dejaron de ser transitables.

Aldana y Laura, dos amigas que aprovechan la playa que todavía está de pie en Corrientes capital. Foto: Fernando de la Orden/enviado especial.

“Esta era la más grande, pero no veníamos nunca a esta. Malvinas 1 fue la primera que se tapó hará hace un mes. Y Malvinas 2 se tapó ahora nomás, en la última lluvia, en el último temporal. En Malvinas 2 habían hecho como una represa chiquitita para que no bordee tanto el agua, e igual no sirvió”, cuenta Aldana.

Mientras conversan, otras dos chicas están levantando sus cosas de la arena luego de que el agua del río las rodeara. La imagen es recurrente en esta porción de playa.

El agua avanza sobre la playa. Foto: Fernando de la Orden/enviado especial.

Si bien según los últimos reportes de Prefectura Naval Argentina (PNA) el nivel del río en esta capital es de 6,28 metros y falta bastante para alcanzar el nivel de evacuación -que sería en los 7 metros- está en crecimiento. Las últimas previsiones marcaron que se puede alcanzar ese nivel para el 20 o 21 de octubre.

“A la parte del centro esto le va a re afectar en el tema de la economía, el turismo de la playa mueve muchísimo. Ya hay gente que está levantando todas sus cosas. El barrio Caridi seguro es el más perjudicado porque hay mucha zona baja”, dice Silvina, vecina de Corrientes, que comenta que vive en una zona bastante alejada del río.

Esto último es cierto. Al mismo tiempo conviven dos realidades bien diferentes. Lo que para algunos significa perder playa, turismo o espacios de recreación, para otros ya se traduce en algo mucho más catastrófico: la pérdida de sus viviendas.

Roberto Alcaraz sale de su casa esquivando muebles que están tirados en la tierra. Desde que amaneció se dio cuenta de que ya no había vuelta atrás. Tenía que sacar, como pudiera, todas las cosas que estaban dentro de su casa.

El agua marrón del río Paraná ya está dentro de su patio, entre los juguetes de los más chicos. Su casa es la segunda más cercana a la vera; la primera es de una mujer que vive con su hijo y que ya tuvo que evacuar sus pertenencias a la vivienda de un vecino.

Son en total cuatro las viviendas precarias del bajo Caridi, en la periferia de Corrientes capital, las que han quedado arrinconadas por la crecida de este río.

Para este grupo de vecinos que ahora habla con Clarín, no hay una solución permanente: no quieren dejar sus casas, pero ante el avance imbatible de la naturaleza solo ven como posibilidad levantar todas sus cosas y subir a la parte alta del barrio e improvisar allí.

Roberto Alcaraz tiene que mudarse antes de que el río se lleve todo lo que tiene en su casa. Foto: Fernando de la Orden/enviado especial.

Van a contrarreloj: un puntero les consiguió chapas y tirantes donados, y están reuniendo una plata para pagar un flete y lograr salvar, entre todos, los muebles que no alcanzó el agua. Agradecen que, al menos hasta el momento, no ha habido lluvias fuertes en esta zona.

“Hace unos años pasamos por algo así. Se inundó todo y no queríamos irnos. Volvimos para acá, porque es donde vivimos. Tenemos que estar rompiendo todo, sacando todas las cosas de nosotros para ir a instalarnos allá. En la calle. Necesitamos un flete porque no tenemos movilidad, no tenemos ni plata. Para comer hoy tuvimos que poner un poquito para cada uno y comer en la casa de un vecino”, relata Roberto.

La casa de Alcaraz ya pasó por una situación similar hace años. Foto: Fernando de la Orden/enviado especial.

Su elemento de trabajo es su caballo, pero dice que con lo poco que gana apenas puede darle de comer. La noche del jueves entre todos hicieron una olla popular, unas horas después amanecieron con dos casas tocadas por la crecida del Paraná.

El miedo es palpable en las caras de los chicos, que son muchos y de diferentes edades. En medio de muebles destartalados y la mugre del riacho, los más pequeños observan a los mayores moviendo cosas.

Así amanecieron este viernes algunas de las viviendas afectadas. Foto: Fernando de la Orden/enviado especial.

“Nos avisaron que nos van a cortar toda la luz. Pero hay que salir de acá cuanto antes, imaginate lo que es esto, en una noche ya llegó a la segunda casa. Es un peligro para los chicos, el agua trae hasta víboras ya. Acá cuando llueve esto es una odisea. Un peligro”, añade Roberto, que tampoco reconoce recibir ayuda del municipio de Corrientes, más que alimentos que “a veces no llegan, porque se los quedan otros”.

Corrientes. Enviada especial.

AA

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